El Efecto Gran Continental

A unos días de que termine la experiencia de El Gran Continental ¡Otra vez!, los voluntarixs realizamos un ejercicio de retrospectiva para encontrar y expresar qué significado tiene nuestra participación en el proyecto. En sus dos ediciones, El Gran Continental ha transformado hasta a los voluntarixs más escépticos. ¿Por qué es inevitable? ¿Cuál es el secreto? Me atrevo a formular algunos de los numerosos elementos que lo hacen irresistible.

El Gran Continental demanda que exploremos nuestras capacidades hasta el límite. Pocas cosas causan más satisfacción que trabajar duro, esforzarnos y ver los resultados. El Gran Continental nos obliga a conocer nuestro cuerpo y sabernos capaces, propone un balance entre nuestras habilidades y la exigencia del proyecto en un espectro amplísimo de aspectos: sentir el cuerpo, extenderlo, torcerlo, entender al otro, ayudarlo a lograr un movimiento, ejercitar la paciencia, la comprensión y el respeto hacia mí y hacia la labor de los demás. Trabajamos con los mismos recursos: el cuerpo y la voluntad, cada uno decide hasta dónde explotarlos.

Es una obra que se construye a partir de la libertad de muchos. Desde que elegimos libremente participar en una actividad placentera, que no tiene carácter de obligación, damos el primer paso. También ejercitamos la libertad al bailar al expresar 150 posibilidades del mismo movimiento en el que no buscamos la excelencia, sino el goce.

Gwenahel

Gwennhael después de función en Faro de Oriente / ©Françoise Major-Cardinal

Tenemos un objetivo claro: las presentaciones. Todos esperamos el momento de compartir con los espectadores el resultado del proceso de aprendizaje, logro y alegría que hemos alimentado durante casi tres meses de ensayos. Podríamos sólo ir a bailar, pero la energía social es incontenible. Nos vinculamos, creamos empatías y sinergias. Compartir un objetivo y saber que los demás son imprescindibles para lograrlo acelera la conciencia de la colaboración. Conectar el objetivo con la voluntad de los demás se convierte en una acción más grande que nosotros mismos, que trascenderá nuestra experiencia individual.

El fracaso representa uno de los grandes temores humanos. En el espacio de El Gran Continental fallar es parte fundamental de la experiencia y de la diversión. Ponemos en práctica alternativas para alcanzar el objetivo y en esa exploración fallar está implícito. No pasa nada si al inicio no concretamos una secuencia de movimientos. Recibimos retroalimentación para lograr el objetivo y tenemos oportunidad de intentar de nuevo. Un día bailamos la secuencia completa y la sensación de satisfacción nos inunda: ¡queremos más!

La estructura reticular de la danza en línea nos coloca en posición de igualdad: ninguno es más importante que otro. Un cruce de líneas nos contiene al mismo tiempo que nos conecta con los demás. Desde ese sitio aportamos nuestros atributos personales al baile. Juntos somos El Gran Continental.

El Gran Continental puede parecer un pretexto para reunirnos y pasar un momento de diversión, pero el acento de la pieza está en el esfuerzo realizado y el grado de organización colectiva. El efecto Gran Continental se logra con dosis de trabajo, sorpresa, diversidad, novedad, ilusión, descubrimiento y libertad. Para mí, El Gran Continental significa atreverme: a bailar, a compartir, a estirar brazos y piernas, a experimentar, a equivocarme y reír, a conocer, a aprender, a ser feliz.

Gwennhael Huesca Reyes. Voluntaria de El Gran Continental ¡Otra vez!

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Ritmo, Contraste y sentidos

El bailarín tiene los oídos en las puntas de los pies “  – Friedrich Nietzsche

La Arquitectura y la Danza, a pesar de ser disciplinas muy distintas entre sí, tienen una estrecha relación en su visión espacial y su proceso creativo. Ambas trabajan el espacio como materia prima y se complementan en su discurso. El proyecto de arquitectura podría  utilizar como herramienta la percepción del  espacio de la danza, por ejemplo, para mejorar  su propia espacialidad. Arquitecto y bailarín  trabajan con sus materiales para conformar  espacios.

Ambas son artes que han acompañado permanentemente a la humanidad desde sus inicios,  debido a la necesidad de alojamiento y significado.  Ambas se relacionan con la sociedad y la naturaleza. Leonardo Da Vinci dijo que arquitectura y cuerpo humano están íntimamente relacionados; la danza busca el movimiento del cuerpo a  través del espacio, la arquitectura busca crear  este espacio, ordenando y jerarquizado en una  composición espacial. La arquitectura es una coreografía  de movimientos para el hombre, así como la  danza es la arquitectura de los movimientos del cuerpo.1379848_592651424109414_607905067_n      ¿Qué mejor forma de integrar dos artes, la danza y la arquitectura, dos expresiones que forman parte hoy en mi vida? Por un lado, encierra el contraste de formas, colores, elementos arquitectónicos, escalas, ritmos y otros tantos detalles imposibles de enumerar. Por otro lado el baile, que al igual que la arquitectura contempla ritmos; destacando el contraste entre las personas, el movimiento con cada paso, cada pequeña sorpresa que crea y detalla, es una expresión personal y múltiple a la vez. Ambas artes, a través de los sentidos, buscan expresar y transmitir al público un mensaje,  dejando en la memoria de las personas una sensación de alegría y confort. Al entrar en un proyecto de esta magnitud, como lo es El Gran Continental, pensé en la relación que podría haber entre ellas: la más notable es que ambas están hechas para un público. En la arquitectura se busca dar respuesta a la necesidad de un   usuario, pero nosotros creamos una respuesta a la necesidad de ver un espectáculo, de entretener y dejar a la multitud enardecida, pidiendo más con cada aplauso y sonrisa.

Ambas expresan un sinfín de cosas. ¿Qué mejor vista que un escenario rodeado de arquitectura, una plaza que mezcla épocas importantes en nuestra cultura, un espacio urbano lleno de pinturas y graffitis expresando nuestro día a día, con los mejores personajes de nuestra historia retratados sumado con un baile que al verlo provoca que despierte el movimiento y la felicidad?

 El sonido de esa música que a todos nos prende desde la primera nota, que en el público crea una alegría extrema que igual quiere bailar, quiere ser parte del todo. La utilización del espacio público, puede ser uno de los objetivos de su diseño y la integración social. No solo de paso, si no integrando cada elemento a un todo, que haga disfrutar a los que bailamos y al espectador, unificando espacio, baile y sonidos.

Daniel García Toltitla, 21 años. Voluntario de El Gran Continental ¡Otra vez!

Entrevista a Mariana Arteaga

El Gran Continental ¡Otra vez! constituido por 150 personas de todas las edades, está  a cargo de Mariana Arteaga, quien aparte de estar al frente del proyecto y hacernos bailar, nos hace reír y pasar un excelente ensayo. Esta es una entrevista donde podemos conocer un poco más de ella y de El Gran Continental.

¿Quién es Mariana Arteaga? Soy una mexicana que ha estado vinculada a la danza de muchas maneras, como intérprete, coreógrafa, gestora, curadora, directora artística, etc.  alguien que ama la danza, la poesía, la arquitectura y las gorditas de chicharrón.

¿Tus papás tienen también el gusto por la danza? Sobre todo mi papá, ¡es un gran bailarín! como un Fred Astaire a la mexicana, incluso es muy parecido: súper delgado, orejón, tiene la cara alargada así, yo soy como él. Fue con mi papá que aprendí a bailar ritmos como la salsa, la cumbia, fox trot…me agarraba en brazos y me bailaba  -yo no pisaba el suelo, era muy chiquita- y a partir de ahí fui sintiendo con él, las nociones de ritmo.

¿De dónde surgió tu amor por la danza? No recuerdo un evento en particular, sino la felicidad que sentía al bailar y que se me facilitaba. De chica montaba coreografías con mis amigas y bailaba mucho en mi habitación,  mi cama  tenía unas columnas y un dosel y me agarraba de ellas como haciendo pole dance. Después de bailar  siempre me sentía muy bien ,  creo que instintivamente desde niña la fui buscando, porque me provocaba un gran bienestar… fue algo inconsciente.

Ya nos contaste anteriormente cómo surge El Gran Continental a cargo de Sylvain Émard, pero ¿Cómo llega a ti El Gran Continental ¡Otra vez!? A mí me gusta mucho trabajar con la gente, y este fue un descubrimiento que sucedió al trabajar en el desfile del bicentenario, donde tuve la oportunidad de hacer coreografía masiva; este goce lo seguí comprobando la primera vez que hicimos El Gran Continental con Sylvain.  En el año 2012, salió la convocatoria del Estímulo a la Producción de Danza Nacional (EPRO DANZA), publicada por la Coordinación Nacional de Danza y ahí supe que había una posibilidad de volverlo a hacer, hablé con “Sylvano”  y Maya Daoud, directora adjunta de Sylvain Émard Danse, y ambos me dieron todo su apoyo, entonces decidí aplicar y salí beneficiada. Hay que decir que en este proceso también estuvieron involucrados los voluntarixs de la emisión anterior, así como Isadora Oseguera (productora) y Vicente Aristi (coordinador de voluntarixs) partes fundamentales de este proyecto.

¿Cómo te sientes de llevar a cabo este proyecto con gente nueva y veterana? Ha sido un proceso complejo en donde se han entrecruzado varias cosas al mismo tiempo: la consolidación de grupos de amigxs que se formaron en el primer Gran Continental, la integración de lxs nuevxs, las posibles diferencias y/o encuentros entre ambos grupos, para generar esta nueva familia. En el camino, todas estas opciones han sucedido. Para mí, también ha sido un reto nuevo: ¿cómo adaptarme(nos) ante esta estructura distinta? y a la vez, me ha llevado a reflexionar sobre qué estaba yo esperando de esta comunidad o bien, reflexionar y profundizar sobre qué entendía -o entiendo- por comunidad. Es ingenuo pensar que no habrá diferencias a veces, o que no se crearán pequeños grupos específicos; lo que he aprendido es a apreciar esta comunidad desde sus diferencias, donde aún así, existe un diálogo y un consenso tácito entre todxs: queremos bailar juntxs y juntxs, hacerlo lo mejor posible. Este acuerdo invisible, las dinámicas que surgen desde el grupo con todxs y para todxs, las prácticas de tolerancia y respeto de forma colectiva, cómo esta comunidad se puede ir fortaleciendo, es lo más importante y fascinante a la vez.

¿Qué representa la participación de los niños y Paquita (nuestra voluntaria mayor) bailando con Rubén (pareja de baile)? Visibilizar a los niños, es una forma de subrayar que bailar no sólo es propio de los adultos, bailar viene desde la infancia (desde nuestro círculo más cercano, la familia) hasta que nos morimos, ¡Paquita es fundamental en esta coreografía! ¡un ejemplo a seguir! hay mucho que aprender de la gente mayor y el baile. Algo que resalta este proyecto es la capacidad innata de convivencia generacional.

A los bailarines-monitores de este proyecto ¿dónde los conociste y cómo se integraron? Al dicharachero de David lo conozco desde hace muchos años de compartir en clases de danza, él hizo la audición para el primer Gran Continental y se quedó; Brenda es una amiga y compañera de danza, con una gran calidad humana, Emiliano una vez vino a ver uno de los ensayos de la emisión anterior y se enamoró del proyecto, y me pidió participar y Ximena habíamos tomado un curso juntas y yo veía en ella a alguien con un compromiso social muy evidente.  Para mí era fundamental tener a un grupo de bailarines que les gustara mucho la gente, que comprendieran las implicaciones sociales de El Gran Continental y todxs han tenido una gran entrega con lxs voluntarixs. Me siento muy feliz con ellxs, son grandes cómplices.

Por último, ¿algo que quieras añadir a lxs voluntarixs de este proyecto? Que sigan defendiendo ese espacio de tiempo y ese compromiso que hicieron con ellxs mismxs para cumplir sus más profundos anhelos; que continúen buscando lugares internos y externos para ejercitar la curiosidad y apertura por y hacia lxs otrxs, la tolerancia, el compañerismo, la fuerza posible de una colectividad organizada por un bien común –En estos tiempos, tan necesario, tan urgente-  que para mí, son maestros de vida de los cuales aprendo a diario, y que mi alma sonríe porque esto sucedió, a través del baile.

Lidia y yo

Mariana y Lidia

Lidia Elizabeth Bolaños, 25 años. Voluntaria de El Gran Continental ¡Otra vez!

¡Bailar!

Probablemente pocos actos humanos tienen una cualidad tan liberadora como el baile: movemos el cuerpo a nuestro antojo para producir goce. Por eso mismo también puede tener un carácter subversivo: el que baila, demuestra que es dueño de su cuerpo, de sí mismo. Si a esa persona se le unen 149 más, que voluntariamente se mueven a un mismo ritmo, la experiencia de libertad se vuelve un festejo colectivo. Y al llevar este baile a un espacio público, el asunto se transforma en una verdadera manifestación: la declaración ante los demás de que somos libres porque hacemos lo que se nos da la gana con nuestro cuerpo, y lo disfrutamos (lo cual, además, conlleva un alto riesgo de contagio: es un placer que puede propagarse entre todos los que lo miran). Por eso es que el proyecto de El Gran Continental puede tildarse de todo menos de ingenuo, porque sólo un ingenuo lo consideraría un divertimento banal.

Cada paso, cada movimiento, cada postura aprendida y repetida grupalmente nos enseña una nueva forma de experimentación, de deleite y de reconocimiento de algo que traíamos dentro pero no nos dábamos cuenta: sensualidad, fuerza, elasticidad, equilibrio (y los contrarios también: torpeza, debilidad, rigidez, vacilación). Conforme un nuevo montaje coreográfico se desarrolla, vamos volviéndonos un organismo más complejo, más lleno de matices, al que le enseñamos a decir cosas nuevas: “te doy todo mi afecto”, “te abrazo, me abrazo”, “me gustas pero ¡ay, cómo me gusto!”, “te declaro mi amor”, “estoy triste y pateo las piedritas del camino”, “estoy feliz y doy brincos de alegría”.

4 Papá e hijoEmilio con su hijo Diego, el día de la audición

Pero además debemos atender a nuestro compañero de enfrente y de atrás, al de la izquierda y al de la derecha, a los de nuestra fila y nuestra columna. Tratar de sincronizarnos, de no perder el paso, de saltar, girar y aplaudir al mismo tiempo, no sólo es un asunto de honor (no siempre bien librado), sino también de complicidad, de jalar parejo, de llevarnos los unos a los otros, de establecer un sutil lazo de camaradería. Porque, en efecto, aquí conocemos a muchas personas, gustos, voluntades, sentidos del humor, profesiones y hasta acontecimientos de vida. Convivencias que se dan nomás por el puro gusto común del baile.

Llegar a los ensayos de El Gran Continental también es un acto de fe y de convicción. Arribamos desde muy diversos rumbos, sorteando el caos y la inseguridad de esta ciudad que resiente la turbulencia de un país cada vez más inequitativo y violento, donde la diferencia y el desacuerdo parecen no tener cabida. De tal suerte, la pista de baile viene a ser una especie de tierra prometida (resguardada por los mismísimos ángeles) en la que sí cabemos todos. Finos y gruesos, de estreno y de mediano uso, pálidos y plomizos, pequeños y alargados, ágiles y acompasados, con muletas y con cabestrillos, aquí los cuerpos humanos se manifiestan en su hermosa diversidad y su asombrosa similitud para poblar, bailando, un gran continente. Dichosos aquellos que habitamos en él.

Emilio Montemayor, 42 años. Voluntario de El Gran Continental ¡Otra vez!

El Gran Continental, Andrea y yo

Ale y Andrea

Mi llegada aquí es gracias a mi hija, Andrea Núñez del Toro, quien es la más animada para estas actividades y  se inicia con el Bicentenario y  mi deseo por acompañarla en ese entonces, porque era menor de edad. Me integré al desfile del Bicentenario, y la verdad fue una experiencia maravillosa. Poco tiempo después salió la convocatoria para El Gran Continental y nos quedamos; después vino la oportunidad de repetir la experiencia con El Gran Continental ¡Otra vez! y aquí estamos.  Al empezar a sentir fluir en mí la música, me doy cuenta que esto era lo que quería hacer junto a mi hija: bailar; y al continuar de los días, me emociona compartir la música y el baile con ella y me pongo a pensar que nos hemos unido más en todos los sentidos. En estos tiempos tan difíciles, en los que la comunicación entre padres e hijos se va perdiendo, en los que los medios electrónicos van distanciando la convivencia familiar, creo que El Gran Continental une familias, une padres con hijos, madres con hijas, abuelas con nietas e incluso hermanos o  hermanas… En fin, esta oportunidad con Andrea no me la perdería por nada, cada vez que ensayamos y nos sale bien, festejamos y compartimos los triunfos; ella me ayuda a corregir mis errores para que toda la coreografía salga bien. Algunas mamás de El Gran Continental, me comentan que:  Martha ramírez

“Es un privilegio, ya que a ellas también les gusta bailar”

Martha Ramírez

las sosapavón

 

 

 

Para Verónica Sosapavón “Bailar con mi hija es compartir la libertad del movimiento yuna inyección de energía”.

Angie

 

 

“También es una forma de conocernos más y conocer nuestros cuerpos y ver el progreso de los mismos”  me platica Angélica Lugo, quien baila con sus dos hijos en esta segunda ocasión y me comenta que  “le gusta compartir y transmitirles a sus hijos que con el baile pueden experimentar muchas cosas, sentimientos y sobre todo, conocer su cuerpo y experimentar con él bailando”.

El hecho de bailar y compartir con Andrea me lleva a confirmar que la danza nos une y a todos y cada uno de los que compartimos este entusiasmo por el baile.

En estos momentos en que algunos jóvenes no encuentran una verdadera pasión;  en que los padres siempre estamos preocupados por el tiempo, el dinero, el trabajo; creo que debemos encontrar “ESO” que nos lleve a entendernos mejor con nuestros hijos, a convivir más con ellos. Durante los trayectos de ida y vuelta al ensayo con Andrea, siempre tenemos el tiempo de platicar, reír, convivir, conocer más sus gustos y compartir la amistad que estamos forjando.

Yo estoy convencida de que este proyecto,  ha hecho que mi relación con ella sea cada vez más fuerte. ¡Gracias Gran Continental!

Alejandra del Toro, 53 años. Voluntaria de El Gran Continental ¡Otra vez!

El descanso

Diez minutos de descanso” nos indica Mariana, después de casi 2 horas de ensayo… Tomo agua y me siento en la pista del Salón los Ángeles… ¡Quien no conoce los Ángeles, no conoce México!… Sonrío: ¡ya conozco México! Me transporto a esas películas de rumberas y pachucos, los siento bailar, escucho la música de las grandes orquestas y sonoras que han pisado este lugar… Me impregno de su historia y pienso en la mía propia, en como empezó esta gran aventura: Vi la convocatoria en el periódico -yo siempre tuve ganas de participar en los eventos de voluntarios-  cuando fue el desfile del bicentenario, hablé con varios amigos para participar y nadie quiso hacerme segunda, por lo que me quedé con las ganas. En esta ocasión al leer el anuncio en el periódico, no lo hice público, fue como un deseo guardado por mucho tiempo, un anhelo, entonces llené mi solicitud y la envíe… Esta vez no escuche más que lo que yo quería hacer y fui. Así es como llegué a la audición, iba con muchos nervios pero emocionado… luego fui aceptado y ahora estoy en los ensayos, en la evolución de este gran proyecto que es El Gran Continental ¡Otra vez!

Me recuesto en la pista, aún sigo respirando agitado, pero feliz y satisfecho, hoy me he equivocado menos, mi cuerpo esta moviéndose con más soltura, responde mejor y más rápido a los nuevos pasos; mi mente siempre activa, cargada de pensamientos, se aquieta y se pone en unión con mi cuerpo y mi espíritu. Sin darme cuenta eso me ha ayudado, por que de pronto le he encontrado solución a algún problema que me traía dando vueltas, he dejado de lado situaciones que me generan estrés y angustia, termino por ponerlos en su justa medida, nuevamente sonrío.BetoEGC Veo a mi alrededor a algunos Continentales practicando, otros comiendo, otros platicando y riendo, algunos formados para pasar lista, algunos otros como yo descansando, sonreímos unos a otros… No falta quien comparta un dulce, un chocolate, una fruta… Aunque se han formado “grupitos”, no he encontrado una mala cara, nadie escatima en el saludo o la sonrisa… Qué padre sensación de pertenencia de grupo, saber que no hay imposibles ni edad para lograr sueños. Y recuerdo las palabras de Mariana, “estos dos meses y medio son únicos en su vida, no sabemos si se va a repetir, así que disfrútenlo, vívanlo” Y aquí estoy junto a 149 personas, quienes durante tres horas por cada ensayo, compartimos risas, experiencias, emoción, sentimiento; nos acercamos a los ‘hermanos mayores’ (los veteranos), a los bailarines-monitores, a Mariana, a Vicente para aprender de ellos y de la coreografía de Sylvain,  para hacer más grande y mejor este proyecto… No pensamos en ser “él/la mejor”, pensamos en ser MEJORES TODOS JUNTOS, todos nos apoyamos, todos nos ayudamos; si no sale un paso siempre habrá alguien al lado que te ayudará o a quien tú ayudes, alguien con el que reirás de la equivocación del paso y decir o escuchar: es así o hazlo así…

 ¡NADIE ES MÁS, NADIE ES MENOS!

Chicos se acabó el descanso”, nuevamente Mariana, mi cuerpo ya más relajado se pone de pie, nos vamos dirigiendo poco a poco a nuestros lugares, y de pronto: Somos 150 almas unidas disfrutando del mismo amor y la misma pasiónEL BAILE!!!!

 Así que esperen noticias nuestras desde la Ciudad de México y para todo el mundo… por que así como lo hacemos en cada ensayo…. Pondremos toda la CAAAARNEEEE AL ASAAADOR!!!!!

Beto Peña, 44 años. Voluntario de El Gran Continental ¡Otra vez!

México, el baile, Balderas y el Danzón

Recuerdo con mucha fuerza mi primera semana de preparación para El Gran Continental en la Ciudad de México. Esa es realmente la manera en la que conocí a Mariana Arteaga, ya que ella se encargó de llevarme por toda la ciudad para ver diversos tipos de bailes latinos y “mexicanos”, desde lo tradicional a lo contemporáneo. Yo no podía creer lo vasto que es el panorama del baile en México. Fue un viaje tan apasionante y sólo a través de ese aspecto de la cultura mexicana; hacía que te dieran muchas ganas de bailar. Fue de esta manera, que pude notar que el baile estaba en los genes de lxs mexicanxs.
Aunque  todo lo que vi fue muy inspirador, el desafío para mí, era crear un baile iinspirado en la cultura del mexicano, tratar de capturar la esencia de la danza latina, pero también con un poco de sabor del norte de América.

Entre todos esos maravillosos bailes que vi, hay uno en particular que me encantó: un sábado, Mariana me llevó a ver a la gente bailar en la plaza del Danzón, en la Ciudadela, ahí en Balderas. Al instante me enamoré de este baile por muchas razones: el hecho de que tanta gente se reuniera en un espacio público a bailar algo que me recordaba a una danza de la corte, me remitía a un especie de ritual; era muy diferente a otros bailes latinos, especialmente debido a su lentitud, que es muy amable; la forma que vestía la gente era sin duda un aspecto a notar, y el estilo de la música también; el estar en el centro de la ciudad inmerso en un mundo donde de repente, el tiempo tiene otro valor. Para mí fue mágico. Recuerdo haber pasado mucho tiempo ahí.

SylvanoDespués de esa primera vez, volví muchas veces más ya por mi cuenta,  incluso me encontré a algunos bailarines de El Gran Continental y bailé con ellos en la plaza. La última vez que fui, una mujer vino a mí y literalmente me dio una clase. Supongo que ella podía notar que no estaba muy familiarizado con los pasos, aunque, sin embargo; tenía la posición correcta -por lo menos mi experiencia personal en la danza podía hacer una pequeña diferencia-
Ahora que sé que voy a estar de vuelta en la Ciudad de México pronto, pueden estar seguros de que nuevamente voy a pasar por la plaza de Balderas a ver y tal vez a atreverme a bailar un poco.
Otro gran momento de ese viaje, fue cuando visitamos el Salón de Los Ángeles ¡qué lugar tan hermoso! Buena música y muchas parejas bailando salsa, cumbia y demás. Ahí también hicimos nuestra fiesta de despedida en la primera emisión de este proyecto y ahí es donde los ensayos se están llevando a cabo para la edición de este año. ¡Suerte a todxs!

Estoy ansioso de regresar a estar con lxs voluntarixs, reconocer caras familiares y conocer a lxs nuevxs.

Y como dicen en Kuala Lumpur: Caaaaaaaaaarne al asadoooooor!

Sylvan Émard, coreógrafo de El Gran Continental ¡Otra vez!

¿Qué es un Flashmob?

El juego social que vino desde Manhattan y conquistó al mundo fue el flashmob. El fenómeno de los flashmobs comenzó con la publicación en octubre de 2002 del libro del sociólogo Howard RheingoldSmart Mobs: The Next Social Revolution. En este libro el autor predecía que la gente usaría las nuevas tecnologías de comunicación (Internet, teléfonos móviles, etc.) para la auto organización. En junio de 2003 Rob Zazueta de San Francisco, después de haber leído las obras de Rheingold, creó la página web Flocksmart.com en la que por primera vez los mobbers empezaron a planear sus reuniones.

El  flashmob inicial se organizó en Manhattan el 3 de junio de 2003 por Bill Wasik, editor junior de Harper’s Magazine. El origen de este flashmob fue desconocido hasta que Wasik publicó un artículo sobre su creación en marzo de 2006 en una edición de la revista Harper’s Magazine. Este primer intento fue un fracaso, ya que alguien le contó a las personas de la tienda sobre lo que iba a pasar.

El primer flashmob que tuvo éxito se realizó el 17 de junio de 2003 en Nueva York (Estados Unidos), en el departamento de ventas de la tienda Macy’s. Para prevenir los problemas del primer intento, Wasik se reunió con los participantes en unos puntos de encuentro preliminares donde fueron repartidas las instrucciones con la información sobre lo que iban a hacer y el lugar donde se realizará el evento justo antes del comienzo de este.Así, más de 100 personas subieron a la novena planta de Macy’s, donde se encontraba su departamento de alfombras y se reunieron alrededor de una alfombra carísima. Cualquiera, a quien se acercara el dependiente de la tienda, le contestaba que ellos vivían juntos en un almacén a las  afueras de Nueva York, y que todos ellos han venido a comprar “La Alfombra de Amor”, ya que todas sus decisiones las tomaban en grupo.

Foto DiegoMientras algunos lo consideran un típico producto de la sociedad del ocio o una “acción artística”, otros lo entienden como el preludio de una revolución social: con la ayuda de internet y de la telefonía móvil, un grupo humano animado por los mismos deseos, opiniones o sentimientos está en situación de organizarse con gran rapidez y máxima flexibilidad, factores decisivos para el éxito de manifestaciones espontáneas, lo que puede prestarse a utilizaciones políticas.

Algunos de los flashmobs más famosos en el mundo son:

–    Baile masivo de ‘Thriller’ en la Ciudad de México, realizado el 29 de agosto de 2009 para celebrar la vida del, en ese entonces, recién fallecido Michael Jackson. Se realizó en el Monumento a la Revolución y acudieron más de 50 mil personas, lo que otorgó el récord Guiness por la mayor cantidad de gente bailando “Thriller”.

–    “Experimento MP3”, realizado por el colectivo Flashmob México bajo la inspiración de Improve Anywhere en el que cientos de personas realizaban las instrucciones dictadas por una grabación en MP3 desde sus respectivos reproductores multimedia.

–    Frozen Grand Central, que consistió en más de 200 personas petrificadas en la terminal de Grand Central en Nueva York.

A mí me llama la atención de los flashmobs, que es algo que capta tu atención de una manera extraña pero divertida y entretenida. Creo que de alguna manera esto puede cambiar algún aspecto que tengas, por así decirlo, erróneo en tu vida, y poder corregirlo para bien. Me gusta lo inesperado en las reacciones que tienen los espectadores, es algo sin igual, ya que algunas veces pueden responder de una manera interesada o alegre y otras, de manera despectiva; también me agrada que por medio de redes sociales los participante se puedan organizar, ya que algunas veces es complicado llegar a reunirse en algún lugar de ensayo, ya sea por los distintos lugares de procedencia de los participantes, por cuestión laboral o escolar, entre muchas otras. Me gustaría mucho participar en cualquier flashmob que esté próximo, ya que no he tenido la oportunidad de participar en alguno.

Ya que “la danza tiene un poder social” como lo dice Mariana Arteaga, puede crear en ti una nueva perspectiva de ver las cosas, como ver la danza desde otro punto de vista y quitarte  ciertos prejuicios tales como: “la danza es sólo para niñas”, “¿Te gusta la danza? Ay eres gay” y tipos de comentarios machistas  que te pueden llegar a lastimar hasta cierto punto.

¿Y tú qué opinas sobre los flashmobs? ¿Participarías en uno? ¿Crees que deberían seguir haciéndose?

Diego Contreras Cruz, 18 años. Voluntario de El Gran Continental ¡Otra vez!

Como el alma es al espíritu, así la danza al cuerpo

Soy Edson Alain Almanza Guevara, mexicano, estudiante de geografía  y curiosamente  bailarín. Estos son algunos de los adjetivos más importantes para poder definirme pero quizás el más costoso y valioso sea el último ya que con él he logrado cambiar vidas e ideas no solo la mías,  también  de las  personas más importantes en mi vida: mis padres.

Desde muy chico  me ha encantado sentir  como chocan las ondas la música en mi cuerpo es algo que puede  tenerme  fascinado por horas,  o al menos así era al principio cuando solo el baile era baile, mi padre una persona de carácter fuerte y firme tenía la costumbre de llevar a su hijo por lo menos una vez al mes a ver alguna función de teatro, y Edson tomaba parte en las oportunidades de subir al escenario y no se diga si era para  bailar porque era el primero en brincar hasta allá.  Y quizá fue como empecé mi incursión en la danza, de una manera indirecta. Fue creciendo  mi interés por bailar y yo con él, ya no sólo buscaba que me llevaran a más funciones de teatro si no que éstas fueran  musicales o ya de plano alguna función de danza  para por lo menos visualmente  ser partícipe de esos actos que causaban inquietud en mis pies y brazos.

Llega la preparatoria y mi actitud de artista junto con ella,  es aquí cuando  tropiezo de nuevo con la danza, “taller extra curricular de danza”  ese fue el encabezado del cartel que me animaría   por fin a tomar en forma una clase verdadera de danza y no sólo quedarme de espectador. También aquí es donde comienza el conflicto, mi padre vs Edson: en su expectativa no estaba  incluida la idea de que yo pudiera tomar clases de danza, la prepa era para preparar el camino a la universidad. Solo estudiar,  la única posibilidad de poder  tener alguna actividad extra serían sólo clases de piano o basquetbol.  Yo no era ni soy un chico muy normal, he sido extrovertido, con espíritu de protesta y de mucho dinamismo, cosa que me ayudaría para  desobedecer las ideas de mi papá e inscribirme en los talleres de danza. Edson AlainDespués de mi primer clase de danza ya no importaba saber que me había echado a mi padre como “enemigo”, quien empezaba a complicar mi vida por las tardes a llenarme de trabajo extra en casa, favores absurdos o  sólo no dejarme salir; pero para mí no fue desánimo así que se me ocurrió la una gran locura, inscribirme en el mismo horario de mis clases de danza a básquet, listo ahora no podría impedir que yo saliera por las tardes de mi casa y de algún modo quedaría contento. Pero eso sólo fue para distraer al enemigo por que de ninguna manera  podría dejar de lado las clases de danza, o al menos eso creía yo, nunca pensé en la opción de que él en algún momento desearía ver un partido de básquet en el que yo jugara. Mis nervios se pusieron de punta  al imaginar el gran enojo de mi padre al enterarse que las clases de básquet eran fantasmas. Así que como Sansón me armé de valor y decidí invitarlo pero no a un partido si no a mi clase abierta del taller de danza, no le mencioné detalle alguno de lo que el iría a ver, sólo le di  la fecha y hora para que él llegara.

Y como  era de esperarse al entrar y darse cuenta de mi mentira solo se retiro del salón y yo muy triste tras de él;  el haberlo engañado me ayudó a conseguir el tiempo para poder practicar danza, pero por otro lado me hizo romper la confianza con mi padre. Así que tomaría una difícil decisión  dejar la danza  por un tiempo. Dos largos años sin bailar.

Dos años después llegó la convocatoria de ¡Yo sí! Soy voluntario, eslogan que daría de nuevo una vuelta a mi vida, Gabriel un chico encargado de entrevistar a los voluntarios sería mi primer contacto con el gran evento del “Bicentenario de México”, primero una entrevista, después una audición, hasta llegar a los ensayos; Mariana Arteaga y Tania Solomonoff dos nombres que  no puedo olvidar, coreógrafas de todo el segmento Suave Patria bajo la dirección de Juliana Faesler darían de nuevo luz y vibración a mi vida con los gritos: -¡5, 6, 7, 8!, -¡Garra, garra!,- ¡Siembra, siembra! para que así el segmento A-2 “carnaval” -donde yo estaba-  daría paso a lo que podría ser el cambio de vida para mí y mi padre. Llegó el gran momento a las 18:00 horas del 15 de septiembre del 2010, inicia el desfile y yo sosteniendo con un arnés una gran cabeza de águila, cautivaría por completo la atención de la persona más importante en todo el Paseo de la Reforma: mi papá, – ¡Edsooooon! ¡Edsooooon! gritaba mientras sus ojos se le llenaban de lágrimas y emoción,  al ver que su hijo en verdad hacía lo que quería y que según él lo hacía muy bien, esta fue la batería para empezar y terminar todo ese gran recorrido con gran actitud y orgulloso de que sin pensarlo logré hacerme feliz, a mi padre y a mucha gente.

De ahí partiría de nuevo una buena confianza y una excelente relación, ahora el más interesado en que realice mi pasión por la danza es mi padre,  en este momento  soy un chico universitario, pero mi pasión por la danza es como la de un niño por su juguete preferido.

Poco tiempo después,  recibiría la llamada de  Vicente Aristi, coordinador de voluntarixs, con la sorpresa de volver a reunir el ánimo del voluntariado para crear El Gran Continental de Sylvain Émard, que impulsaría el amor que tengo por la danza, me ayudaría a poder entender  en movimientos el sentir de mis compañeros,  desde los más chicos hasta la admirable Paquita Sevilla, la voluntaria de más edad, comprender que la danza no sólo es para gente estilizada, alta y delgada, que  la danza úne corazones y funde pasiones para formar un espíritu cuándo se sabe sentir y se siente el bailar.

Como el alma es al espíritu así la danza al cuerpo.

              Edson Alain Almanza Guevara, 21 años                                                                Integrante de El Gran Continental ¡Otra vez!

Charla con Miguel B. Nieto, director del Salón Los Ángeles

El Salón Los Ángeles, es sede de ensayos de El Gran Continental ¡Otra vez! y Miguel B. Nieto, actual director del recinto. La historia de este emblemático salón, nació en 1937  cuando dejó de ser un almacén bodega de carbón  dirigido por su abuelo y se convirtió en el “Salón Los Ángeles” cuyo nombre fue asignado por la iglesia del barrio Nuestra señora de los Ángeles. Desde entonces, cada 2 de Agosto celebra su aniversario sumando en este año 2013, 76 años de vida artística, vida que ha visto desfilar en su pista a grandes bandas, celebridades cinematográficas, políticas, pintores, escritores…  por mencionar algunos nombres: Diego Rivera -que bailaba danzón- Cantinflas, José Saramago, Fidel y Raúl Castro, Gabriel García Márquez, Resortes, María Rojo, Celia Cruz, esta última en sus inicios musicales perteneció al grupo Las Mulatas de fuego y  Las de Aída que tocaban en el salón; en 1949 también fue el escenario del Séptimo Arte en la película Una Gallega baila mambo y en una mesita frente a la pista Benny Moré  compuso una canción que elogia el ritmo de las cadenciosas caderas de las mexicanas: “…Pero qué bonito y sabroso bailan el mambo las mexicanas, mueven la cintura y los hombros…

AlineDesde 1937 ha sido un elegante espacio de música, con el Danzón, Mambo, chachachá, merengue y actualmente 7 décadas después,  también está en sintonía con la juventud pues hay eventos de reggae, cumbia, rock en español,  eventos que celebran aniversarios de organizaciones con la mejor expresión del alma que es el baile. Ha prestado también su espacio para exposiciones de arte contemporáneo, fotografía, teatro, de hecho el origen de la obra teatral “Aventurera” tuvo sus orígenes en un par de mesitas cerca de la pista.

 En este lugar de encuentro el más popular es el que mejor baila, sin importar la riqueza que tenga, es más, la riqueza se mide por el ritmo que tenga el alma para mover el cuerpo. El Salón Los Ángeles es  la sede de el Gran Continental otra vez, aportando al proyecto un espacio único que le da sabor y un toque especial.

 Miguel Nieto cuenta que cuando el Gran continental se presentó en la explanada de Bellas Artes le gustó mucho la expresión artística libre y le entusiasmo que fuera un proyecto incluyente. Así que cuando Mariana Arteaga le propuso ser parte del proyecto, facilitando el espacio físico de ensayo, aceptó sin dudarlo. Agregó que le gusta apoyar propuestas donde el baile sea incluyente y ayude a solucionar problemas sociales.

 “…Hay Salón Los Ángeles para rato pues está buscando un fideicomiso, además que ya es considerado como  un negocio social, y existe el premio “Muhammad Yunus” que impulsa a los negocios sociales a ayudar a resolver problemas de las sociedades como puede ser generando empleos y con ello fomentar la participación ciudadana, disminuyendo la obesidad con dos factores la autoestima y ejercicio físico…”

Miguel Nieto asegura que como mexicanos debemos hacerle caso a nuestras “tres raíces” la española, la indígena y la tercera que es la africana, pues al combinarlas obtenemos una mezcla increíble o como él dice, un  “creativo ritmo cadencioso”.

Finalmente cerró la amena charla invitándonos a divertirnos bailando, a divertirnos viviendo, a vivir bailando, a bailar sin importar lo material ni la edad, que logremos que sea vigente siempre, pues ya hasta los japoneses y los escoceses ¡tienen salsa para bailar!

                                                                                     Aline Ortega Zamudio, 23 años                                                                                      Integrante de El Gran Continental ¡Otra vez!