El Efecto Gran Continental

A unos días de que termine la experiencia de El Gran Continental ¡Otra vez!, los voluntarixs realizamos un ejercicio de retrospectiva para encontrar y expresar qué significado tiene nuestra participación en el proyecto. En sus dos ediciones, El Gran Continental ha transformado hasta a los voluntarixs más escépticos. ¿Por qué es inevitable? ¿Cuál es el secreto? Me atrevo a formular algunos de los numerosos elementos que lo hacen irresistible.

El Gran Continental demanda que exploremos nuestras capacidades hasta el límite. Pocas cosas causan más satisfacción que trabajar duro, esforzarnos y ver los resultados. El Gran Continental nos obliga a conocer nuestro cuerpo y sabernos capaces, propone un balance entre nuestras habilidades y la exigencia del proyecto en un espectro amplísimo de aspectos: sentir el cuerpo, extenderlo, torcerlo, entender al otro, ayudarlo a lograr un movimiento, ejercitar la paciencia, la comprensión y el respeto hacia mí y hacia la labor de los demás. Trabajamos con los mismos recursos: el cuerpo y la voluntad, cada uno decide hasta dónde explotarlos.

Es una obra que se construye a partir de la libertad de muchos. Desde que elegimos libremente participar en una actividad placentera, que no tiene carácter de obligación, damos el primer paso. También ejercitamos la libertad al bailar al expresar 150 posibilidades del mismo movimiento en el que no buscamos la excelencia, sino el goce.

Gwenahel

Gwennhael después de función en Faro de Oriente / ©Françoise Major-Cardinal

Tenemos un objetivo claro: las presentaciones. Todos esperamos el momento de compartir con los espectadores el resultado del proceso de aprendizaje, logro y alegría que hemos alimentado durante casi tres meses de ensayos. Podríamos sólo ir a bailar, pero la energía social es incontenible. Nos vinculamos, creamos empatías y sinergias. Compartir un objetivo y saber que los demás son imprescindibles para lograrlo acelera la conciencia de la colaboración. Conectar el objetivo con la voluntad de los demás se convierte en una acción más grande que nosotros mismos, que trascenderá nuestra experiencia individual.

El fracaso representa uno de los grandes temores humanos. En el espacio de El Gran Continental fallar es parte fundamental de la experiencia y de la diversión. Ponemos en práctica alternativas para alcanzar el objetivo y en esa exploración fallar está implícito. No pasa nada si al inicio no concretamos una secuencia de movimientos. Recibimos retroalimentación para lograr el objetivo y tenemos oportunidad de intentar de nuevo. Un día bailamos la secuencia completa y la sensación de satisfacción nos inunda: ¡queremos más!

La estructura reticular de la danza en línea nos coloca en posición de igualdad: ninguno es más importante que otro. Un cruce de líneas nos contiene al mismo tiempo que nos conecta con los demás. Desde ese sitio aportamos nuestros atributos personales al baile. Juntos somos El Gran Continental.

El Gran Continental puede parecer un pretexto para reunirnos y pasar un momento de diversión, pero el acento de la pieza está en el esfuerzo realizado y el grado de organización colectiva. El efecto Gran Continental se logra con dosis de trabajo, sorpresa, diversidad, novedad, ilusión, descubrimiento y libertad. Para mí, El Gran Continental significa atreverme: a bailar, a compartir, a estirar brazos y piernas, a experimentar, a equivocarme y reír, a conocer, a aprender, a ser feliz.

Gwennhael Huesca Reyes. Voluntaria de El Gran Continental ¡Otra vez!

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